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24 nov 2015

Uruguay: crónica de una traición anunciada


“Las “excepcionalidades” uruguayas en el concierto latinoamericano han determinado su evolución política. El 90 % de la población vive en ciudades, no existe campesinado, su población es homogénea, mayoritariamente de origen europeo (no hay etnias aborígenes)”

Por: Richard Erba (República Oriental del Uruguay)

1 - Cuando el pasado 18 de marzo Luis Almagro fue electo como secretario general de la OEA con el apoyo unánime de 33 de los 43 estados miembros, una fresca brisa de expectación recorrió el continente de norte a sur. Grandemente desprestigiada por su nefasto accionar en el pasado por haberse convertido en una mera “agencia” del Departamento de estado norteamericano – llego a conocérsele como el “ministerio de las colonias” – con la elección del canciller de José Mujica, no pocos latinoamericanos le renovaron una razonable cuota de crédito. Quizás por la primera vez en su historia, los pueblos del subcontinente abrigaron la esperanza de que esta vieja institución representase los legítimos intereses de los pueblos, sobre todo lo que hace a la gestión de las desiguales relaciones de sus miembros con el socio mayor, los EEUU.

2 – Más allá de sus meritos personales y profesionales, la elección de Almagro es hija legítima de su paso por la cancillería del segundo gobierno del F.A en el Uruguay, y su prestigio se encuentra indisolublemente ligado a ese proceso político. Quizás por esa misma razón, la controversia que está suscitando el ejercicio de su secretariado tanto en casa como en el extranjero, no pueda deslindarse de las erráticas evoluciones de la política exterior uruguaya.

Por más que en el desempeño de su cargo actual no actúe en representación del país, cualquier observador podrá encontrar líneas de conexión. Por otro lado, Almagro no representa ni la tradición ni el pensamiento de la izquierda uruguaya en materia de alineamientos internacionales. De origen “blanco”, Almagro militó en el Partido Nacional, uno de los dos viejos partidos que vertebraron la historia del sistema político uruguayo, de cuña liberal y hoy día representante de la más rancia oligarquía nacional. Almagro siempre se había identificado con el ala centro-izquierdista que fundara Wilson Ferreira, fallecido en 1988. La desaparición física de Ferreira contribuyo al desdibujamiento posterior de su sector frente al crecimiento y monopolio del ala centro-derecha liderada por Lacalle Herrera. No pudiendo sentirse cómodo ni encontrando espacio que reflejara sus ideas, Almagro fue “captado” por José Mujica a engrosar las filas del MPP en 1999. La militancia en el sector que se volvió mayoritario en el FA hacia 2005, y su consistente curriculum profesional lo catapultaron a la cancillería de la república una vez que el sector de Mujica triunfara en las elecciones de 2009.

3 – Históricamente, la izquierda uruguaya coaligada en torno al FA reconocía tres raíces profundamente ligadas a la historia de las luchas sociales y populares. Una izquierda ortodoxa, de raíz básicamente marxista, aunque no exclusivamente, representada por el eje PS-PC, una raíz tradicional, representada por sucesivas migraciones de dirigentes socialdemócratas de los partidos tradicionales y una izquierda cristiana que hoy carece de peso y representatividad.

El MLN, movimiento fundado por Raúl Sendic (padre), fue la versión uruguaya de una izquierda no ortodoxa, con un anclaje ideológico mas libertario en sintonía con movimientos similares que proliferaron durante la década del 60 en América latina y mayoritariamente se expresaron de una forma violenta y anti sistémica como “guerrillas”, en contraposición al polo marxista que se insertó plenamente en la vida electoral de nuestros países. Desde sus inicios y hasta su derrota militar en 1972, un año antes del golpe de estado, el MLN operaba a contrapelo de la izquierda institucional. Cuando en 1971 se sella la unidad de esta en torno a un programa avanzado de liberación nacional (el programa del FA), el MLN no descartó la oportunidad y participó indirectamente en su gestación a través de su brazo político, el movimiento 26 de Marzo.

Durante todo ese tiempo, el MLN luchó en solitario contra una democracia que a instancias de la crisis estructural iniciada a fines de los años 50, se iba degradando año tras año, proceso que iba a confluir en la unidad de la clase obrera organizada y la unidad de la izquierda política; pero lo hizo a contrapelo de la vía electoral, practicando una modalidad de “guerrilla urbana”, intentando adaptar al Uruguay el modelo guerrillero ampliamente difundido en el continente, pero por las características propias de la sociedad uruguaya sin su mismo sustento social, una vía desaconsejada para nuestro país por el mismísimo Che Guevara en 1961.

4 – Las “excepcionalidades” uruguayas en el concierto latinoamericano han determinado su evolución política. El 90 % de la población vive en ciudades, no existe campesinado, su población es homogénea, mayoritariamente de origen europeo y tras décadas de socialdemocracia al influjo de J.B y Ordoñez, el país alcanzó notables éxitos en materia de inclusión social y distribución del ingreso que son el fundamento de su extendida clase media. Uruguay creció orgullosa y conscientemente cismático y ajeno a la realidad del continente. En ese contexto la izquierda uruguaya es tributaria de la izquierda europea, y su evolución hasta el presente lo confirma. Hoy día el FA ha abandonado sus definiciones revolucionarias y anti sistémicas y abreva abiertamente en las aguas del reformismo. Son estas condicionantes las que explican la ambigüedad de su posicionamiento internacional y las dificultades que presenta a la hora de tomar partido y definir un alineamiento claramente favorable a la liberación de los pueblos.

5 – En esta hora de definiciones, el FA vacila entre la fidelidad a su herencia europea y la realidad de la lucha de los pueblos por liberarse – precisamente – de esa herencia cultural y de su dominación política y económica. En la perspectiva histórica el Uruguay se mantiene fiel a su “época dorada”. El FA hace tiempo que le dijo adiós a la revolución, y su máxima aspiración consiste en reciclar en estado de bienestar y consciente de que hoy día los partidos tradicionales abrevan en el más puro neoliberalismo, no pretende otra cosa que ejercer el monopolio del reformismo tal como el Partido Colorado en el pasado. No sorprenden, en rigor, entonces ni la postura de Almagro frente a la revolución bolivariana ni la posición adoptada por Tabaré Vázquez y su canciller Nin Novoa en Paris, comprometiendo el apoyo del país a la coalición que so pretexto de combatir al Estado Islámico, pretende invadir Siria y derrocar a su legitimo presidente Bashar Al Assad en nombre de la tan mentada “democracia”.

6 – Esta involución ideológica de la gerontocracia frenteamplista que nada mas aspira a administrar el capitalismo condiciona su posicionamiento político en el concierto internacional y lo alinea, en la práctica, con el eje EEUU – Unión Europea, por más que no está siendo fácil para el resto del FA asimilarlo. El FA está dividido en cuanto a la apreciación de la carta de Almagro a Venezuela así como frente a los principales temas de la agenda internacional.

7 – Son tiempos de definiciones y el FA no podrá eludir el desafío de la época. Para bien o para mal la realidad exige que el Uruguay abandone su fantasía de “Arcadia feliz” y tome partido, del lado de los pueblos o de sus enemigos. Por ahora, al menos, la traición lleva ventaja, sostenida incluso en el envejecimiento proverbial de la población del país fruto del estancamiento demográfico y de la persistente emigración. Una renuncia que no resulta fácil de digerir y mucho menos de comprender para quienes no conocen de cerca nuestras historia y las características de nuestras sociedad.

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