“Que Macri haya juntado a los empresarios más
encumbrados para desarticular la ley anti despidos muestra su nerviosismo. El
país pequeño donde sólo unos pocos puedan gozar de los bienes de todos es el
objetivo de esta pandilla”
Por:
Gustavo Rosa (Argentina)*
Que el ministro de Justicia se haya reunido en secreto
con una apologista de los represores es una evidencia más del lado de la grieta
donde se sitúan los amarillos. Que Macri haya juntado a los empresarios más
encumbrados para desarticular la ley anti despidos muestra su nerviosismo. Que
el Centro Cultural Kirchner se use nada más que para actos de gobierno y no
para espectáculos públicos señala una intención provocativa. Que el escándalo
de los Panamá Papers sólo impacte en los medios internacionales y en los
locales brille por su ausencia indica su gravedad. El sinceramiento que tanto
abunda en el discurso PRO se está transformando en sincericidio: mientras más
tratan de tapar sus oscuras intenciones más evidentes se vuelven. Sólo los
hechizados por la marketinera máscara no alcanzan a advertir la peligrosidad de
los tiempos que se vienen.
Cecilia Pando recobró cierta
visibilidad esta semana porque ganó un juicio a la revista Barcelona por una
caricatura supuestamente injuriosa. Quizá por eso se haya filtrado el dato del
silencioso encuentro que se produjo entre ella y el ministro de Justicia Germán
Garavano el último lunes de abril. Establecer si este hecho y la generosa sentencia
que le regala 40 mil pesos a la desenfrenada defensora de la dictadura guardan
alguna relación quedará para otro apunte. O para la sospecha perpetua. Después
de todo, si la reunión se concretó sin publicidad será porque avergüenza. Que
el funcionario encargado de asistir al Gerente de La Rosada en asuntos legales
y de DDHH reciba en las sombras a un personaje que considera ‘presos políticos’
a los genocidas no puede generar otra cosa.
Pero los PRO son expertos en interpretar sus papeles y
cuando las luces se encienden, sus resplandecientes sonrisas zen están dispuestas para brindar las explicaciones más
incongruentes. En una misma pirueta inverosímil pueden convertir a la ex ESMA
en una sucursal de Disney World o presentar con brillo y colorido las inasibles
reformas del programa Justicia 2020. Con el Supremo Ricardo Lorenzetti como espectador vip, Macri y Garavano se
convirtieron en los animadores de una nueva pantomima gubernamental. Sin
contenido, como siempre, pero plagado de propuestas bonitas. El CCK fue el
escenario donde Macri convocó a los jueces para que “no haya impunidad para nadie”. Para nadie que huela a
kirchnerismo, vale aclarar, porque de limpiar los prontuarios amarillos se
encarga la Oficina Anti Corrupción, incompresiblemente comandada por Laura
Alonso. Así, para las cámaras, entonaron
una alegre canción que propone “una
justicia cercana, moderna, transparente e independiente”. Cómo lograrán tan
ambicioso proyecto quedará para la próxima entrega de este show que parece no
tener fin.
Objetivos de
los patricios
Pero no fue ésta la única muestra de ductilidad del
Gran Equipo. La maniobra con los empresarios para desalentar la ley
anti-despidos podría haber sido más efectiva con actores menos vistos en
sainetes de otras décadas. Además, el Acta
de Compromiso fue tan escueta y precipitada que no pudo ocultar la
insinceridad de los firmantes. En el breve texto, además de ponderar como
positivas las políticas del Gobierno ceocrático,
los grandotes de la economía
vernácula expresaron: “queremos comprometernos
a no reducir nuestros planteles de empleados durante al menos los próximos 90
días”. Quieren comprometerse, pero no lo logran. Primero, porque el Estado
macrista brinda un mal ejemplo. Y segundo, porque mientras estampaban sus
firmas, algunos ya estaban cursando los telegramas de despido. El único
compromiso que tienen es el de engrosar sus arcas a costa de nuestro sudor y
manifiestan esta perversa intención con los monstruosos precios que adornan todo lo que producen.
Como resultaba muy evidente el
artilugio, el empresidente convocó a
los representantes de las Pymes, no por verdadero interés por este sector, sino
para poner al opo-oficialista Sergio Massa un poco más de su lado. “La solución no es la arbitrariedad, no es
la prepotencia, sino la generación de confianza”, recitó Macri, una vez
más, para cuestionar la futura ley que se verá obligado a vetar. Después de
anunciar una serie de medidas improvisadas, declamó: “creamos nuevas herramientas para que alivien y saquen de la asfixia
financiera, del exceso de impuestos y regulaciones a una gran parte de las
Pymes”.
En realidad, si las pequeñas y
medianas empresas están en dificultades no es por el exceso de impuestos, sino
por las despiadadas medidas tomadas por su Gran Equipo. La devaluación encarece
los insumos y el incremento de las tarifas hace imposible el funcionamiento de
fábricas y talleres cuyos propietarios no tienen demasiada espalda para enfrentarlo. La caída del mercado interno
por el deterioro del salario y los vengativos despidos inhiben la actividad que
venía en crecimiento. Con la soberbia de un patricio, el apátrida simula una
solución pero sólo echa más nafta al fuego: con la baja impositiva
desfinanciará al Estado y con los créditos endeudará a las Pymes no para
crecer, sino para abonar facturas. Ridícula solución brinda el Gran Equipo a un
problema generado por sus perniciosas decisiones.
Ridícula o sincera, porque está
gobernando la clase dominante. Muchas veces hemos escuchado a Macri declarar
que el país de sus sueños es el del Centenario, el del granero del mundo, ahora reciclado como supermercado. En pocos
meses, nuestra economía ha retrocedido: por primera vez desde finales de los
noventa, las exportaciones de productos primarios superaron en marzo al volumen
de los despachos industriales. El mayor retroceso lo marcó el sector de
plásticos, maquinaria, autos y los artículos de economías regionales, que tanto
abundan en las promesas de los PRO. La industria, que es lo que genera valor
agregado y mayor mano de obra, está siendo bombardeada por el propio gobierno,
en parte para responder una orden imperial y en parte para generar una crisis
que justifique nuevos ajustes.
El país pequeño donde sólo unos
pocos puedan gozar de los bienes de todos es el objetivo de esta pandilla. No
hay que exigir autocríticas porque no se están equivocando. Si nos están
llevando al desastre es porque así lo quieren. Ya no necesitamos el sinceramiento de los gobernantes, sino
el despertar de los confundidos antes de que las ruinas comiencen a rodearnos.
* Periodista argentino, Licenciado en Letras.
blog: http://www.apuntesdiscontinuos.blogspot.com.ar/
blog: http://www.apuntesdiscontinuos.blogspot.com.ar/

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Bienvenidas/dos.