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28 jun 2016

Los desestabilizadores de siempre.



Imágenes del facebook   7D

Aunque algunos se resistan a las evidencias, el empresidente Macri está cosechando más antipatías de lo que se había propuesto. A pesar de los esfuerzos mediáticos para minimizar los impactos que su impronta clasista produce, la efímera luna de miel de la alternancia se está transformando en divorcio”.

Por: Gustavo Rosa (Argentina)*

Entre todos los cuentitos que componen el relato amarillo, ahora aparece el de un intento de desestabilización por parte del kirchnerismo. Pero la caída en la imagen del gobierno es el resultado de sus propias medidas. Y a esta conclusión se puede arribar sin demasiado esfuerzo intelectual. ¿O acaso alguien puede ser feliz si en poco tiempo advierte amenazas en su recién alcanzado bienestar? Y que encima reciba reproches por los disfrutes del pasado por parte de muchos de los exponentes PRO, más que sumar, irrita. En realidad, el gobierno amarillo está apelando a la vieja estrategia de victimizarse, con la novedad de que los victimarios son muchos de sus integrantes.

El viernes se cumplieron los primeros seis meses de esta angustiante gerencia y ni sus seguidores encontraron ánimos para celebrarlo. Lo intentaron, pero no les salió. Los militantes de Cambiemos convocaron a Plaza de Mayo para festejar y apoyar a Mauricio Macri ante el intento desestabilizador de grupos fanatizados que no toleran vivir en Democracia”, expresaba la invitación. "El 10J desde las 18:00 hs vamos a hacer una demostración de que la gran mayoría silenciosa apoya al gobierno que intenta poner orden al desastre que dejó la era K", agregaba, para hacerse eco del discurso oficial de la pesada herencia. Esta mayoría no sólo es silenciosa: también es invisible. Quizá el frío desalentó a algunos, que prefirieron renunciar al calor de las masas para degustar los lujos de la calefacción propia. Otros, tal vez, estén más acostumbrados a poblar las calles con cacerolas y sin ellas se sienten desnudos. O puede ser que, a pesar de haber contribuido a este inexplicable triunfo, todavía no encuentran nada para festejar. O peor, la vergüenza les impide celebrar despidos, hambre y recesión. Por lo que sea, no fueron ni los convocantes.

Y eso que Macri trató de levantar los ánimos desde Yapeyú, la ciudad correntina donde nació el Padre de la Patria. Sin temor a mancillar ese sitio histórico, el ocupante ocasional de la Rosada habló de una “minoría que mete miedo”, que quiere que al gobierno “le vaya mal” y por eso “todos los días dice barbaridades”. Aunque no explicó demasiado, resulta obvio que se refiere a los kirchneristas o los partidos de izquierda, los únicos que se oponen en serio al accionar del Gran Equipo. Hay mucho para deconstruir en estos dichos. Las minorías que meten miedo no son las que cuestionan las medidas oficiales, sino las que operan en las sombras para sacar ventajas de las crisis; son los que generan corridas cambiarias y fugan divisas, los que evaden fortunas, los que incrementan sus ganancias a fuerza de succionar nuestros bolsillos. Esas minorías que meten miedo son las que obligaron a Alfonsín a terminar su mandato con anticipación; las que apoyaron a Menem y nos condujeron a la peor crisis de nuestra historia; las que se beneficiaron con la estatización de deuda de la dictadura y la pesificación asimétrica de Duhalde; los que estuvieron detrás de todo golpe de Estado, de cada fusilamiento, de cada bomba, de cada desaparecido. Esta es la única minoría que mete miedo; las demás minorías sólo juegan en el terreno de la política.

Un túnel sin salida

Desde su asunción, Macri, sus secuaces y apologistas tratan de convencer a la sociedad de que si al gobierno le va bien al país le irá bien. Un concepto no muy difícil de entender y fácil de recordar. Hasta su lógica parece exudar cierta sabiduría. Sin embargo, tiene un requisito: las buenas intenciones del gobierno. Cuando éstas son inexistentes, la frase se transforma en una trampa. Hasta ahora, ninguna medida ha sido beneficiosa para el bien común. Todo lo contrario. El mercado interno se redujo, la industria y el comercio se están viendo resentidos por la recesión y la importación, persianas que se bajan, personas que quedan sin empleo y los precios hacen piruetas por los aires. Y esto como resultado exclusivo de las medidas que impusieron sin demasiado esfuerzo.

Al gobierno le fue muy bien en estos meses, pues pudo desmantelar la ley de SCA, arreglar con los buitres y superar los 30000 millones de dólares de endeudamiento. Al gobierno le va tan bien que tiene a gran parte de los diputados de su lado a la hora de aprobar riesgosas leyes. Al gobierno le ha ido muy bien, pero al país le está yendo muy mal. Y no le irá mucho mejor por más que los años venideros traigan un semestre extra. A pesar de todo esto, Macri invitó a los argentinos a que crean en su palabra porque “el gobierno nacional eligió decir la verdad y construir sobre la verdad”. Salvo con el episodio de los Panamá Papers y sus declaraciones juradas, en donde las mentiras se enredan en sus cortas patas. Y en lugar de construir sobre la verdad, destruye a partir de sus falacias. Porque después continuó con su alienada recitación: “Argentina está saliendo de un punto de partida muy difícil: un país estancado, cinco años sin crecer, enfermo por la mentira, la inflación y la corrupción”. Sin embargo, el INDEC de Todesca informó que el crecimiento del año pasado fue de 2,1 por ciento, uno de los más altos de la región y similar a los anteriores. No estábamos estancados ni enfermos de nada. Y de la tan denunciada corrupción, lo único que se ha demostrado es que son ellos los que tienen cuentas off shore. Ahora estamos en retroceso como resultado del cambio que muchos eligieron.

Pero por más que traten de camuflarlo, el descontento se hace notorio. Por más que inventen las excusas más absurdas, el pacto se está resquebrajando. Por más que al gobierno le vaya bien, el pueblo olfatea que al país le irá mal. Pocas son las consultoras que no detectan en sus encuestas una caída de la imagen, más allá de las diferencias numéricas. Muchos son los rostros que han perdido la sonrisa. Muchos son los hogares cuyos ocupantes restringen gastos para asegurar sólo lo elemental. Bastantes los que ya ni eso pueden. Las señales sobran y hay que aprender a interpretarlas para evitar más angustias.


Y no hay que dejarse confundir. La decepción es real y se percibe en las calles. Los que prometían que íbamos a estar cada día mejor hacen que estemos cada vez peor. Sólo unos pocos deben haber festejado el viernes, pero en privado y con champaña importada sin impuestos: los beneficiados por las medidas regresivas que parecen no tener fin y los propagandistas que lograron que la engañosa fórmula de los globitos se impusiera en el balotaje. Del resto, unos guardaron silencio, casi avergonzados y otros esperan que el clamor que ya se empieza a sentir se convierta en un grito que ponga fin a este tormento.

* Periodista argentino, Licenciado en Letras.       
blog: http://www.apuntesdiscontinuos.blogspot.com.ar/

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