“El
Imperio, temeroso de perder la hegemonía mundial, y con el dólar
hundido, arremete contra nuevos países y abre más frentes de
desestabilización y de guerra. Pero Siria va ganando la partida,
porque al lobby anglo-judeo-americano ya le va resultando difícil
atender a tantos conflictos, por más que los países del Golfo (unas
monarquías ancladas en el medievo, que funcionan como un cortijo)
paguen los gastos. Los mercenarios se baten en retirada.
La heroica Siria vencerá”. (Purificación Gonzales de la
Blanca-Ojos Para La Paz)
Por:
Juan Luis González Pérez (España)
La
crisis desatada por el golpe de estado neonazi en Ucrania, la
reunificación de Crimea con Rusia y las posteriores reivindicaciones
independentistas y federalistas en el sureste del país, han
desplazado el punto de mira de las secciones internacionales de la
prensa de Siria a Europa del Este. Como hemos sostenido, no dejan de
ser dos caras de la misma moneda, dos escenarios de lucha geopolítica
donde Estados Unidos trata de frenar la aparición de una nueva
potencia mundial —o un conjunto de ellas— que puedan enfrentarse
a la hegemonía unilateral que todavía ostenta el imperio en el
control de los recursos naturales del planeta. Alrededor de mil bases
militares en el extranjero, un par de ellas en nuestro propio país,
sirven a esos intereses espurios de confrontación contra cualquier
estado que trate de mantener la independencia frente al gigante y
hacer uso de la soberanía que, por derecho, le corresponde como
país.
No
es casual que Rusia conservara desde los tiempos de la URSS
instalaciones militares en Sebastopol (Crimea) y Tartus (Siria) y
ambos países se hallen envueltos en sendas «revoluciones»
orquestadas desde el exterior movidas por las mismas manos. Tampoco
es casual que los peones de las revueltas hayan sido lo más
execrable de las sociedades de aquellos países y de todo el mundo,
la extrema derecha neonazi y la «extrema derecha» yihadista, cuyos
papeles se ha mantenido más o menos ocultos mientras les ha sido
posible, sobre todo al inicio de las revueltas.
Como
decía, la agresión a Siria ha pasado a un segundo plano mediático
a pesar de que los actuales acontecimientos en el plano bélico
tienen una importantísima relevancia para el futuro desarrollo de la
guerra. Como resumen de la situación, basta reproducir las palabras
del presidente Assad, que augura que las
operaciones militares finalizarán este mismo año,
aunque también reconocía que muchos terroristas seguramente
permanecerán por más tiempo en el país tratando de
desestabilizarlo con ataques puntuales.
No
es para menos, los avances en los distintos frentes son indiscutibles
y así lo reconocen los mandatarios occidentales, que ya no ocultan
que deberán admitir su incapacidad para derrocar al actual
presidente, que se postulará como candidato en las elecciones que se
celebrarán en la primera mitad de este mismo año. Con el actual
apoyo popular de Bashar al Assad, incrementado conforme la guerra ha
ido avanzando cuando la población conoció quiénes eran los
verdaderos instigadores de la misma y quiénes eran los peones
movilizados para ejecutarla desde decenas de países de todo el
mundo, las elecciones serán un paseo para el Baaz. Y ello teniendo
en cuenta que, tras la última reforma constitucional, por primera
vez habrá libertad para inscribir cualquier partido político que
cumpla unos mínimos democráticos.
Veamos
someramente cómo van cada uno de los frentes de guerra. En primer
lugar hay que destacar las indiscutibles victorias en el área de
Qalamún, en el oeste del país junto a la frontera libanesa. Desde
la caída de al Qussayr, esta región montañosa de complicada
orografía era el lugar empleado para el traslado de mercenarios,
armas e insumos desde el Líbano. La
victoria final, lograda en Yabrud tras
una operación magistral de inteligencia, con el inestimable apoyo de
Hezbollah, ha cerrado prácticamente estas vías de aprovisionamiento
y ha infringido gravísimos e irreversibles daños a los grupos
terroristas que operaban en la región.
Tras
el duro golpe encajado, el frente del norte (NO) se ha activado para
intentar proporcionar alguna victoria a las debilitadas filas de los
yihadistas, necesitadas de activar la moral perdida durante los
últimos meses. Para ello, se movilizaron todas las fuerzas
«rebeldes» de la región e incluso llegaron desde el sur y de
Jordania a través de un puente aéreo montado con apoyo
norteamericano. En la provincia de Latakia se acumularon miles de
efectivos y llegaron a tomar la iniciativa durante algunos días
conquistando algunos puestos de observación, varias poblaciones e
incluso algún monumento tan reconocido como el Krak de los
Caballeros. Curiosamente en los vídeos publicados en los portales
yihadistas para celebrar esas victorias se podían reconocer
fácilmente quiénes eran los líderes de las milicias, básicamente
chechenos y saudíes, lo que da una idea de la verdadera dimensión
externa de la «revolución» siria.
El
contraataque del ejército regular y las milicias que lo apoyan fue
absolutamente feroz.
Se habla de alrededor de 2.500
muertos y 5.500 heridos entre las fuerzas opositoras.
Algunas de ellas, como el grueso de los mercenarios de las Brigadas
de Liwa al Tawhid, venían directamente desde Alepo, la capital del
norte, que ha quedado bastante a merced del Ejército Árabe Sirio y
ha
retomado ya el 80% de la ciudad.
En esta zona, las operaciones se tornan más complejas, ya que la
frontera turca sigue siendo un coladero de terroristas y, en los
últimos tiempos, cuentan con el apoyo de la artillería pesada, los
blindados de Erdogán e incluso de las baterías antiaéreas
instaladas en la frontera, que impiden que la aviación siria ataque
a los yihadistas infiltrados en su propio territorio ante la
vergonzosa pasividad de la ONU y la complicidad de la OTAN.
El
presidente turco ha intentado por todos los medios internacionalizar
el conflicto implicando a la Alianza Atlántica, ha llegado incluso a
derribar a algún caza sirio dentro de las fronteras de Damasco, pero
hasta la fecha en Siria han evitado caer en provocaciones que podrían
conllevar graves consecuencias postreras. Por ahora se han limitado a
denunciar los hechos y sobre el terreno a marcar
con sus baterías a los cazas turcos sin llegar a apretar el botón.
En el terreno de las relaciones públicas, tampoco le va demasiado
bien a Turquía. Un reciente reportaje de investigación acusa
directamente a este país del ataque
con gas sarín en las cercanías de Damasco en agosto pasado.
No contentos con eso, ahora están intentando montar otra operación
de bandera falsa similar, como han denunciado los mandatarios sirios
manejando información de inteligencia.
Pero
donde han pisado realmente arenas movedizas ha sido en el ataque de
los terroristas procedentes de Turquía a la aldea de Kassab. Los
fusilamientos de cristianos armenios han puesto de pie a la comunidad
armenia de Estados Unidos y han obligado incluso al Departamento de
Estado a denunciar los actos de sus mercenarios en Siria. Personas
tan mediáticas como Cher o Kim Kardasian, ambas de origen armenio,
han denunciado las matanzas y se han apuntado a hahstags de apoyo a
Assad en las redes sociales. Pero lo peor para ese frente puede ser
el envío de una
fuerza de combate desde Armenia de 1.500 hombres, entre los que se
encuentran al menos 300 «cazadores de ciervos»,
el temido cuerpo armenio de operaciones especiales, que se unirán a
los milicianos de Hezbollah y a los militares del EAS en las
operaciones
en los terrenos fronterizos con los criminales turcos.
Ya
en los alrededores de Damasco, una vez controlado el Qalamun, el
ejército sirio ha iniciado una ofensiva en Guta que acaba de
iniciarse mientras en el frente sur, según
la prensa de inteligencia hebrea,
se prepara un contingente importante para recuperar los terrenos del
Golán ocupados por terroristas apoyados desde Israel en el que se
han unido milicianos chiítas llegados desde Irak. En cualquier caso,
son temas futuribles que trataremos a su debido momento.

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