Hablar de
educación es un tema candente y que no deja indiferente a nadie. Según los derechos
universales de los niños y las niñas; la educación es uno de los derechos
fundamentales; el elegir libre y soberanos, como queremos ser educados.
Desde la constitución militarizada
del golpe pinochetista, la educación dejo de estar en manos del gobierno y se
traspasa a las municipalidades, creando en muchas regiones las “corporaciones”,
el fin de una educación de calidad. Por años los colegios “públicos o
municipales” se convirtieron en colegios vulnerables, con 45 niños por aula,
profesores que por años no cambiaron sus prácticas pedagógicas, aprendizajes esperados casi nulos y un ambiente escolar carente. Mientras tanto nacían los “colegios
subvencionados”, aquellos que tenían un copago entre los apoderados y el Estado
y finalmente los “pagados totalmente” aquellos que los apoderados tenían una
solvencia económica suficiente como para cancelar una mensualidad exorbitante.
¿Cuál es la consecuencia de este
sistema educacional? Clasismo. La clase baja del país solo puede optar a un
colegio municipalizado, la clase alta, opta a los mejores colegios y no permite
que sus hijos se junten con los “desclasados” como ellos mismos suelen llamar a
los barrios pobres y finalmente la clase “media o trabajadora” gasta la mitad
de su sueldo en colegios con copago, que no aseguran calidad en su educación.
Con la reforma impulsada por la
presidenta Michelle Bachelet queda la interrogante ¿es la solución del
problema, eliminar los colegios con copago? ¿No será mejor cambiar el sistema
educacional chileno, por otro acorde a su realidad cultural? Cuando esperas que tus hijos adquieran en la
escuela las herramientas para defenderse en el mundo actual, te encuentras con
trabas sociales.
El sistema educativo chileno, copiado
de un modelo francés, jamás ha sido el reflejo de una enseñanza de calidad y
menos de inclusividad. Cabe señalar en los últimos 15 años, se han incorporado
desde el MINEDUC, nuevos programas como “educación Intercultural” o “programas
especiales” para educar desde la
diversidad de los estudiantes, por nombrar algunos. Pero se siguen cometiendo
los mismos errores.
Y uno de los errores más grave que se
comete, es “pagar por educar” ¿por qué
debemos pagar porque nuestros hijos se eduquen? ¿Acaso no es un derecho? Si en
la mayoría de los países, estudiar es gratis ¿Por qué en Chile no? ¿Por qué los
nuestros adolescentes deben estudiar en universidades extranjeras, porque sus
padres no tienen recursos para pagar escolaridades en universidades chilenas. Es que algo en la reforma educacional huele
mal y muy mal.
Se esperan que los compromisos de los ex – lideres estudiantes
como Camila Vallejo y Karol Cariola (PC) cumplan con la lucha que se lidió en las calles hace algunos años atrás. Para
muchos el PC olvidó las promesas sociales por puestos en el senado, entre ellos
las demandas estudiantiles. Demanda por la que hoy seguimos luchando en la
calle, sin ningún puesto político, solo con la razón de que nuestros hijos se
merecen una educación digna de calidad y sin lucro, seguiremos soñando con un
Chile más justo y que de una vez deje de ser una mala copia de otros sistemas
imperalistas.
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