EL
SUEÑO AMERICANO Y SUS RECETAS CAPITALISTAS¡¡
El
precio medio de alquiler de un apartamento en Nueva York gira en
torno a los 3500 dólares mensuales. El sueldo medio es de unos
50.000 dólares anuales, de modo que una buena parte de este se
destina a la vivienda. Por mucho que se esfuerce, la mayoría de
gente no puede ahorrar para afrontar imprevistos, como la pérdida de
empleo.
Por:
Lidia Lozano (CUBA)
Cuando en el verano de 1832 murieron varios miles de personas en la ciudad de Nueva York, muchos pensaron que era culpa de los pobres. Se había extendido en pocos días la enfermedad del cólera, transportada por el comercio de ultramar y exacerbada por la falta de higiene en las calles. Los más afectados eran los que vivían en barrios más insalubres: los afroamericanos, los inmigrantes europeos, la clase trabajadora. Aunque el cólera se contraía por la ingestión de bebidas o alimentos contaminados, el desconocimiento médico y los prejuicios de una sociedad dividida por clases y razas dieron pie a pensar que la epidemia era un castigo divino dirigido a la gente humilde, para que expiara sus pecados.
Unos
años después del primer brote de cólera se construyó un sistema
de transporte de agua, en buena medida con la mano de obra barata de
los inmigrantes irlandeses, que ayudó a mejorar la higiene
doméstica. Para conmemorar el acueducto se edificó una fuente en
Central Park, en cuyo centro se erigió la estatua de un ángel que
bendice el agua y le otorga poderes curativos. Se le dio el nombre de
Bethesda Fountain, y hoy es uno de los lugares más famosos de la
ciudad.
Hace
unos días estaba paseando por esa zona cuando una imagen me llamó
la atención. Dentro de la fuente había un hombre, con el agua hasta
las rodillas, sonriendo plácidamente mientras tendía unos trapos al
pie de la estatua. Era uno de tantos vagabundos que hacen de la calle
su hogar, que padece alguna enfermedad y que muchos creen que está
en esa situación porque algo habrá hecho mal.
Causas de la indigencia en Nueva York
Nueva
York es el lugar con el mayor número de gente sin techo en Estados
Unidos. Cada noche duermen en sus centros de acogida cerca de 60.000
personas, según la organización Coalition for the Homeless. La
mayoría de ellos son desempleados, veteranos de guerra, enfermos o
discapacitados. Las causas de la indigencia en esta ciudad son un
tema muy complejo que no se puede explicar en unas líneas, pero
tienen que ver primordialmente con el coste de la vivienda y la falta
de asistencia médica asequible.
El
precio medio de alquiler de un apartamento en Nueva York gira en
torno a los 3500 dólares mensuales. El sueldo medio es de unos
50.000 dólares anuales, de modo que una buena parte de este se
destina a la vivienda: en concreto, el 41%, como indica la Oficina de
Auditorías. Esto sucede sobre todo en Manhattan, pero también en
los otros cuatro distritos que conforman Nueva York. Por mucho que se
esfuerce, la mayoría de gente no puede ahorrar para afrontar
imprevistos, como la pérdida de empleo.
Los
precios son tan desmesurados por la escasez de espacio, los costes de
construcción y la carestía de los impuestos. Pero sobre todo,
porque Nueva York, como Londres o París, es un lugar donde quieren
vivir o adquirir una propiedad las personas con más poder
adquisitivo del mundo.
En
cuanto a la asistencia sanitaria, este es un problema a nivel
nacional. A pesar del progreso alcanzado durante el Gobierno de
Obama, el seguro médico en este país aún es caro para muchos, unos
300 dólares mensuales, lo cual explica que un tercio de los
trabajadores con ingresos bajos carezca de él. Al no estar
asegurados, cualquier emergencia puede costarles miles de dólares y
sumirlos en una espiral de gastos.
Más
de un 30% de los vagabundos padece una enfermedad, física o mental,
que se agrava al vivir marginados.
Medidas insuficientes
No
es que Nueva York no dedique medios a ayudar a los más
desfavorecidos. De hecho, invierte bastante en esta causa. Esta es la
única ciudad que está obligada a proveer asilo a quien lo necesite,
un derecho que se alcanzó en 1981 tras el caso Callahan C. Carey.
Hay más de 150 centros de acogida aquí, y cuesta unos 3000 dólares
mensuales mantener a cada residente. Sin embargo, muchas de esas
instalaciones están en pésimas condiciones, de modo que algunos
prefieren vivir en la calle. La historia se repite. Cuando Nueva York
vivió su segundo brote de cólera, a finales de 1840, se habilitaron
hospitales en escuelas públicas pero muchos enfermos se negaban a
ingresar en ellos, porque estaban mal equipados y parecían lugares
en los que iban a terminar sus días.
Los
dirigentes políticos adoptan medidas en materia de vivienda, pero no
siempre acertadas. El ex alcalde neoyorquino, el multimillonario
Michael Bloomberg, eliminó las ayudas que había para alojar a la
gente de forma permanente, como proporcionarles apartamentos
gratuitos, y las reemplazó por subsidios temporales, lo que según
algunos expertos fue insuficiente a largo plazo.
Bill
de Blasio, el actual alcalde, ha declarado que este será uno de los
temas prioritarios en su agenda y ya está destinando fondos a la
mejora de los albergues y la construcción de viviendas de protección
oficial. No obstante, queda un largo camino por recorrer. Hay que
controlar los abusos en el mercado de bienes raíces y seguir
reduciendo el precio del seguro médico. Hay que dejar de
estigmatizar a la gente sin recursos y dejar claro que su situación
se debe en parte al sistema. Y urge abordar una cuestión de fondo en
la sociedad norteamericana: la discriminación hacia las minorías
étnicas. Un número desproporcionado de indigentes son
afroamericanos y latinos, grupos que suelen tener menos oportunidades
de acceder a una educación y a un buen empleo.
Pobreza desapercibida
La
miseria que se ve en los parques y calles de una ciudad desarrollada
como Nueva York ha existido en otras épocas, y existe en otros
lugares. Por ejemplo, en España una de cada cinco personas vive por
debajo del umbral de la pobreza, y decenas de miles carecen de hogar
o residen en infraviviendas, sin los requisitos mínimos de
habitabilidad. Pero como este país cuenta con un sistema de
protección social y familiar bastante sólido, la penuria económica
no se percibe tanto.
En
todos los países hay numerosas estatuas que conmemoran logros o
simbolizan estados a los que aspirar, como la salud, el poder o la
libertad. La cuestión es si alguna de ellas se esculpió pensando en
toda la sociedad.

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