| López-Machado y Capriles |
“El
extremista y el cobarde van convergiendo en su dolor, mientras el
resto con amor, trabaja porque se le hace tarde. Así sucede en los
parajes donde subir te hace mejor, el falso no tiene valor, el
verdadero sigue su viaje” No vivo en una sociedad perfecta”
(Pablo Milanes).
Por:
Guillermo Bermejo Rojas (Venezuela)
Leopoldo
López presento a principios del año pasado, junto a otros líderes
de la oposición venezolana, un plan llamado “La Salida”. El
objetivo era claro y contundente: derrocar en las calles al gobierno
de Nicolás Maduro. “Incendiar las calles” fue la frase más
común utilizada por López y su gente.
No
todos en la oposición estaban de acuerdo, pero López venia de Miami
y el financiamiento era para reeditar el golpe de Estado del 2002
contra Chávez, del cual López también participo y en donde en
menos de 24 horas la “democrática oposición” anulo la
constitución, desconoció las autoridades de la Asamblea Nacional,
de los organismos electorales, de justicia y colocaron un presidente
a dedo.
La
lógica era también la misma: llamar a movilizarse, generar
violencia, muertos y echarle toda la culpa al gobierno, esperando
alguna movida militar que esta vez tuviera mejor suerte. O, en mayor
grado, lograr que la “comunidad internacional” se coma el cuento
de la “guerra civil” para darle un tratamiento estilo USA y OTAN
de “democracia y derechos humanos” como en Siria o Libia.
Hay
que decir que la oposición venia de perder las elecciones
Municipales por amplio margen. Y como cada vez que pierden una
elección, toman el camino de la violencia. No me voy a demorar en
describir las elecciones venezolanas: solo citar al Centro Carter,
del ex presidente norteamericano Jimmy Carter (al que, creo, nadie
podrá llamar chavista) que ha declarado que es la más transparente
de todas en las que su equipo ha participado en el mundo.
Además
es el único país que se conozca, donde si no te gusta cómo va el
desarrollo del gobierno, juntas firmas y vas a referéndum
revocatorio a mitad de mandato.
Pues
bien, el llamado de López y su plan “La Salida” duro tres meses.
Las Guarimbas, como se le llamaron a las trancas para que nadie pueda
transitar, incluían “guayas”, es decir alambres filudos
amarrados de poste a poste para degollar a los motorizados que en
este país son muchos. Si, al mejor estilo de los nazis. Los
“pacíficos” manifestantes contaban con morteros artesanales,
bombas molotov, francotiradores, armas de fuego, armas blancas,
alcohol, cocaína y marihuana.
Y
desde luego bien financiados: millones de dólares fueron entregados
a quienes habían coordinado con funcionarios gringos por todo el
país. Lo que se convirtió en un negocio para los grupos opositores
que competían por quien conseguía más mercenarios con mejores
pagos.
Contrario
al terrorismo mediático que insistía que Venezuela estaba en medio
de una guerra, solo hubo “Guarimbas” en 18 de los 335 municipios.
Se calculan como máximo 3 mil manifestantes violentos en todo el
país. En ningún barrio humilde se sumaron a este plan golpista, a
pesar de la guerra económica contra el gobierno bolivariano.
A
falta de una guerra real, había que fabricarla: los medios
funcionales al imperialismo mostraban fotos de la represión en
Ucrania, España y hasta en los mismos EEUU, haciéndolas pasar por
sucesos en Venezuela. En el senado norteamericano calentaban su sueño
invasor pasando imágenes antiguas de policías venezolanos cuidando
palacio de gobierno, como si fueran francotiradores. Y hasta algún
infeliz paso imágenes de una página de pornografía para
aseverar que se estaba violando a los manifestantes.
El
plan golpista imperial, del que López fue líder, tuvo como daños
materiales: destrozos de buses con pasajeros, incendios contra
centros de salud, ministerios, municipios, colegios pre escolares,
autos particulares, locales de medios de comunicación,
envenenamiento del agua, destrozos del sistema de alcantarillado,
destrucción de semáforos y sistema de alumbrado, quema de
universidades, ataques a viviendas de políticos gubernamentales
entre otros. El cálculo de las pérdidas económicas, culpa de los
golpistas, es superior a los 10 mil millones de dólares.
Y
en cuanto a vidas humanas, murieron 43 personas, resultado del
llamado al derrocamiento del gobierno legítimo, que siempre estuvo
dispuesto al dialogo: 33 civiles y diez miembros de la Policía. De
los 33 civiles 10 murieron por “atreverse” a pasar las barricadas
de los golpistas. 10 murieron en enfrentamientos entre bandos
políticos. 3 defendiendo las barricadas. 2 mueren por que las
barricadas no los dejaron llegar a algún centro de salud. Dos
murieron por mano propia: uno al manipular un mortero, otro al mover
un anuncio publicitario para armar la barricada que toco cables de
alta tensión. Los 10 policías murieron por causa de los morteros,
francotiradores y las guayas.
En
cuanto a los heridos, el saldo es 878 personas con lesiones y hasta
mutilaciones. De estos 600 son civiles y 278 miembros de la Policía.
Existen 41 privados de la libertad: 27 civiles y 14 funcionarios de
la Guardia Nacional y/o Fuerzas Armadas Nacional Bolivariana. Así
que el cuentito de la impunidad no cuadra con las cifras.
Leopoldo
López, termino entregándose a la justicia venezolana por decisión
propia, pues se le hizo conocer que sus financistas gringos y
venezolanos, al ver que era imposible derrocar al gobierno, buscaba
matarlo para aumentar las protestas o buscar intervención militar
extranjera. Su esposa, que ahora despotrica del gobierno, agradeció
públicamente la ayuda del chavismo, reconociendo que si no hubiera
sido así, López estaría muerto.
La
oposición violenta venezolana es absolutamente cobarde. Luego de
todo lo ocurrido, negaron la autoría. Nadie fue, nadie convoco. En
toda Venezuela la población les dio la espalda, tanto que las
primarias de la MUD (que agrupa a las fuerzas de oposición) fueron
la décima parte de la convocatoria del Chavismo y es casi un hecho
que irá dividida a las elecciones parlamentarias de diciembre.
López
ha sido sentenciado a 13 años, 9 meses y una semana. Para los
familiares de las víctimas de las “Guarimbas” es poco. No les
hace falta razón. Si este criminal hubiese cometido estos delitos en
EEUU, país que financio “La Salida”, tendría varias cadenas
perpetuas. O estaría camino a la inyección letal.
El
día de la sentencia, salieron 200 personas a protestar a favor de
López. Metros más allá, la manifestación del Comité de
familiares de las Victimas de las Guarimbas la duplicaba en
asistencia, pidiendo la máxima condena para el agente de la CIA. Y
eso nadie me lo conto, yo estuve presente.
El
tema de Leopoldo López, más allá de los medios alineados con
Washington, las opiniones de los peones del imperio en la región o
redes sociales, no es agenda que preocupe al ciudadano de a pie ni
está calentando la calle.
Así
que a los que odian la Venezuela Bolivariana, una mala noticia: la
Revolución goza de buena salud. Y a los que la apoyan: tranquilos,
hay Chavismo para rato.
Hasta
la Victoria Siempre
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