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30 oct 2015

¿HAY UNA “SOLUCIÓN OCCIDENTAL” PARA LIBIA?

Bernardino León con el terrorista Abdel Hakim Belhadj 
“El ataque a Libia estaba programado muy probablemente desde antes de los autoatentados del 11-S. Libia fue atacada por una coalición integrada por cuarenta y seis países”
Por: Purificación González de la Blanca (España)
Ojos para la Paz

Durante las últimas semanas los medios de propaganda insisten en que “el problema libio” está en vías de solución para la instauración de “un gobierno de consenso”. ¿De verdad es creíble que los mismos que destruyeron Libia van a tratar de encontrar una solución para ese estado hoy desvertebrado?

Hace más de cuatro años que Libia fue atacada por una coalición integrada por cuarenta y seis países -que hasta el momento del ataque eran amigos de los libios-, liderada por Francia y Estados Unidos y a la que se sumaron- por mencionar algunos- la España de Zapatero (ya saben, ese señor que hablaba de “La Alianza de Civilizaciones”), Canadá, Australia (eternos pedúnculos de los Estados Unidos) o esa Noruega que, a la chita callando, es uno de los campeones mundiales en venta de armas. Sobre Francia, tan imperialista como los Estados Unidos, habría mucho que decir pero nos ceñiremos al tema de que Sarkozy, entonces Presidente de la República Francesa, había llegado a ese puesto gracias a una generosa aportación del gobierno libio, que le costeó la campaña presidencial (grave error). Había que silenciarlo.

El ataque a Libia estaba programado muy probablemente desde antes de los autoatentados del 11-S. Cualquiera puede acceder a un video en el que el General, y Ex–Comandante Supremo de la OTAN, Wesley Clark denuncia que una semana después de aquel funesto día 11 fue informado del plan de los Estados Unidos para invadir siete países: Iraq, Libia, Siria, Líbano, Somalia, Sudán e Irán. Maquiavélico plan que se va cumpliendo.

Los planificadores del ataque a Libia trataron de buscar una coartada con la Resolución 1973 del Consejo de Seguridad de la ONU, que si bien daba luz verde a su famoso “pasillo aéreo”, prohibía taxativamente subvertir el orden político en Libia, y, mucho menos, llegar al magnicidio, como hicieron, y del modo más cruel y execrable. Lo del pasillo aéreo –supuestamente para salvar a los libios de los bombardeos de su gobierno- estaba convenientemente estudiado: en realidad se trataba de proteger a los mercenarios que ellos introdujeron en Libia de la aviación del gobierno libio (justo lo que ahora pretenden hacer en Siria).

Libia era el país más próspero de toda África, que había alcanzado cotas de bienestar impensables por ejemplo en los Estados Unidos y en bastantes países europeos. Tenía la misma esperanza de vida que Alemania (78 años), y, entre otros logros, reparto de las rentas del petróleo (300 €/mes por persona), medicina universal y gratuita al igual que la enseñanza, luz y agua gratis, préstamos sin interés, etc. Además de pleno empleo y más de 2.5 millones de empleos para extranjeros, etc. Libia era también un muro de contención contra la avalancha migratoria hacia Europa.

Todo ha sido destruido. Casi tres millones de libios han huido al exilio (Libia no llega a los seis millones de habitantes), muriendo miles de ellos en su intento de cruzar el Mediterráneo, y el país ha sido invadido de bandas armadas, convertido en vivero de mercenarios que se exportan, principalmente por EE.UU. y Francia, a otros países en el objetivo, muy concretamente los productores de petróleo o gas. Esa es la democracia de los países occidentales.

Hoy tratan de hacernos creer, a través de sus medios de propaganda, que han encontrado una solución para Libia, de la mano de su negociador Bernardino León Gross, siniestro personaje, sionista de origen judío, que formó parte, como Secretario de Estado y Secretario General de la Presidencia del Gobierno de Rodríguez Zapatero. Todo parece indicar que fue él quien lo convenció para que España participara en el linchamiento de Libia, con militares, aviones y barcos de guerra. Hay que decir que ni los servicios secretos españoles ni los militares enviados estaban de acuerdo en que España atacara a ese próspero país.

Bernardino León con el terrorista Abdel Hakim Belhadj

Bernardino León Delegado del Secretario General de la ONU para Libia, es, y no por casualidad, uno de los personajes más denostados por los libios. Es amigo y protector del conocido terrorista, procedente de Guantánamo, Abdel Hakim Belhadj, al que pretende aupar a un gobierno libio. Belhadj que ha reclutado mercenarios en Siria y Libia, es además sospechoso de complicidad en los atentados de Madrid de 11 de marzo de 2004.

En Libia existe un solo gobierno, el de Tobruk, reconocido a nivel internacional. Distando mucho de ser perfecto, representa a la red tribal, al Movimiento Nacional Popular Libio y a los militares, es decir lo más próximo al deseo de los libios de decidir su destino. Pero por otra parte, Estados Unidos en sus intentos por controlar Libia ha orquestado un supuesto gobierno de Trípoli, relacionado con las milicias terroristas de Misrata (Lybia Dawn) y el Estado Islámico, cuyos objetivos, entre otros, son boicotear el proceso de diálogo del Movimiento Nacional Popular Libio, disolver la Cámara de Representantes de Tobruk y arrastrar el ejército egipcio a la guerra en territorio libio. Pero sobre todo lo que pretende Estados Unidos es dividir Libia en tres estados y llevar al poder a los Hermanos Musulmanes, dentro de su Proyecto para un Nuevo Siglo Norteamericano que pasa por acabar con los nacionalismos y con los estados laicos y apropiarse de los países productores de petróleo o gas.

Recientemente se ha celebrado una reunión extraordinaria del Consejo de las Tribus Libias en donde se ha rechazado rotundamente la injerencia extranjera y el intento de crear otro gobierno supuestamente de coalición por parte del enviado de Naciones Unidas, Bernardino León. Pero además, con fecha 14 de octubre de 2015 se ha pronunciado en el mismo sentido el Movimiento Nacional Popular Libio, que ha celebrado una asamblea con la finalidad de debatir las propuestas de la “Conferencia” patrocinada por la misión de la ONU. Las conclusiones han sido rotundas:

1-Rechazo total de la propuesta del enviado de la ONU, Bernardino León, para formar un gobierno de coalición (coalición ¿Con quién?), porque pretende flagrantemente la intervención internacional en Libia.

2-Acuerdo de que los libios trabajen juntos contra proyectos hostiles, dando los pasos adecuados para restaurar el país y dotarse de sus propias autoridades con el objetivo último de la autodeterminación, todo ello en coordinación con el Consejo de las Tribus.

3-Desarrollo de un plan para prevenir los riesgos que se derivarían de la intervención internacional en Libia.

Sin embargo los grandes medios de propaganda occidentales han venido dando por hecho que la ONU está ayudando a la pacificación de Libia y está próxima a conseguir un gobierno de Coalición. Nada más lejos de la realidad.

Porque está claro que Libia desea seguir su propio camino y de ninguna manera va a permitir que quienes llevaron a su tierra guerra y destrucción decidan su futuro.

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