“El diseño del Q’hapac Ñan, es sin lugar a dudas una joya de la arquitectura e ingeniería milenaria de los Inkas y que cumplía además una función política muy significativa, por cuanto permitió el control económico y político de estos pueblos”
Por: Giselle Erba- Difusora de sabiduría ancestral.
(República Oriental del Uruguay)
PRIMERA PARTE: Los caminos sagrados de los pueblos originarios
Desde tiempos inmemoriales, el ser humano ha buscado incansablemente su lugar en el mundo y entiéndase la expresión “lugar en el mundo”, como una suerte de enclave sagrado y sitio seguro donde poder alcanzar la trascendencia espiritual y el florecimiento en todos los planos de la existencia.
Fuentes históricas estarían confirmando que independientemente de las características étnicas, antropológicas o culturales de cada grupo o civilización; la historia de evolución de los pueblos ha sido forjada en los últimos 13.000 años por continuas migraciones que se han venido produciendo a lo largo y ancho de este vasto planeta.
Estos movimientos migratorios que fueron motivados por la búsqueda instintiva de los recursos vitales, forman parte de un programa biológico de supervivencia presente en todas las especies del reino animal.
En el caso de la especie humana, además de la supervivencia biológica, existen otras dos razones fundamentales que explican la causa de estos movimientos periódicos de migración. Esas razones son el cambio climático y la búsqueda de la trascendencia.
Hoy podemos afirmar que el recorrido continuo de los pueblos originarios por estas rutas, ha resignificado la importancia que tiene para nosotros en la actualidad transitarlas a consciencia, y rescatar el legado de sabiduría que de ellas se desprende.
Recordemos que un camino, es básicamente un lugar o recorrido donde se transita habitualmente. Profundizando un poco más en este concepto, podemos decir entonces, que una ruta sagrada esun recorrido (camino) que guarda la memoria de las vivencias de todos los caminantes que lo transitaron anteriormente.
Más aún si lo analizamos desde el punto de vista de la geobiología, un camino sagrado deberá además seguir el recorrido de un meridiano de energía telúrica, condición que permitirá su reactivación, la cual se producirá con el paso continúo y sostenido de sus caminantes propiciándose por esta vía, una conexión directa entre la pacha mama (la madre tierra) y todos sus reinos.
Así lo sintieron y vivieron nuestros antepasados quienes recorrieron los caminos de América hacia todas las direcciones dejando grabadas huellas imborrables de libertad que sirvieron seguramente de inspiración a las generaciones posteriores…
SEGUNDA PARTE: Q’ hapac ñan “una vision ancestral de la patria grande”
En tiempos pretéritos en que los caminantes se guiaban y orientaban, ora por su instinto, ora por los movimientos estelares del sol y las estrellas, existieron grupos muy avanzados en nuestro continente que construyeron su red de caminos y carreteras, tomando como inspiración las líneas del Campo electromagnético terrestre.
Si bien a lo largo de la historia de la humanidad, conocemos innumerables ejemplos de pueblos que peregrinaron por rutas y senderos considerados “mágicos”, encontramos en el continente americano sistemas muy elaborados que evidencian lo avanzado de sus conocimientos en estas múltiples disciplinas.
Quizás la referencia más antigua documentada, la encontremos en el antiguo testamento y nos remita a la historia y éxodo del Pueblo de Israel en su larga peregrinación de 40 años por el desierto, desde Egipto hacia la tierra prometida.
Sin embargo como decía, el despliegue más impactante de este profundo conocimiento lo vemos reflejado en el Q’hapac Ñan, antigua red vial de los Inkas que se extendió desde el Cusco (el ombligo del mundo andino) hacia los cuatro suyos o direcciones y de la cual ya hemos informado en la edición número 56 de Visión Z correspondiente al mes de octubre.
El diseño del Q’hapac Ñan es sin lugar a dudas una joya de la arquitectura e ingeniería milenaria de los Inkas y que cumplía además una función política importantísima por cuanto permitió el control económico y político de estos pueblos, al mismo tiempo que su integración, el intercambio y movilización estatal de diversos productos, la transmisión de valores culturales, el acceso a los diferentes santuarios incaicos y el desarrollo de prácticas y tradiciones comunes.
Fue además un símbolo de unificación de los pueblos unidos por la cordillera de los Andes y de su expansión a lo largo de la geografía sudamericana, que incluyó seis países andinos actuales: Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador y Perú.
Tal vez sea muy aventurado identificar en este diseño continental gigantesco (que unía puntos tan distantes como Tucumán en Argentina al sur y la localidad de Pasto en Colombia) una visión ancestral similar a la Patria Grande que soñaron los grandes libertadores de nuestro continente Bolívar y Artigas.
Puntualmente en el caso de Artigas, el “Protector de los Pueblos Libres”podemos decir que su pensamiento nacido de las propias entrañas de la realidad multiétnica que lo circundaba, fue antagónico a cualquier monarquía o predominio imperial.
Su objetivo apunto hacia la integración política, social y económica y su ideario resulta en muchos aspectos un llamado a la reflexión para los pueblos de América del Sur.
Prueba de ello es el Éxodo del Pueblo Oriental convocado por el Prócer Artigas en 1811, cuando en plena vigencia de la revolución independentista conduce a su pueblo desde San José de Mayo hasta el Ayuí en la frontera con la actual Argentina, haciendo un llamado a la unificación de los pueblos en contra del opresor colonizador instalado en Montevideo.
Ciertamente entendemos que no es producto de la casualidad que Artigas hubiera escogido este recorrido del cual se sabe, era transitado mucho antes de la invasión española por pueblos caminantes amautas procedentes de los Andes; y esto porque contrariamente a lo que se cree, nuestros antepasados recorrían esas rutas con regularidad manteniendo un vínculo muy estrecho de intercambio cultural.
(Si bien el Q’hapac Ñan tenía su punto más austral en Tucumán Argentina, continuando la línea del corredor andino llegamos hasta el Uruguay, y más específicamente a la ruta escogida por Artigas para movilizar a su pueblo en la gesta independentista).
¿Buscaría nuestro héroe máximo la inspiración en ese camino milenario? ¿Habrá encontrado Bolívar su leit motiv libertador en los caminos del Q`hapac Ñan cuando emprendió la Campaña del sur en Colombia, Ecuador, Bolivia y Perú?
La respuesta seguramente y tal como reza la canción de Bob Dylan, esté flotando en el viento o tal vez la encontremos escrita en los capítulos secretos de los Diarios de Motocicleta, aquellas historias de la peregrinación del Che por los caminos sagrados de la selva boliviana, capítulos que aún no han sido contados pero que aguardan pacientemente su tiempo de victoria final, la liberación de América y el fin de la opresión imperial.
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