VISIÓN"Z"INTERNACIONAL,enero 2015
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“Vi
el mundo entero. Aprendí algo de la gente de cada lugar. Hay
verdades en el hinduismo, en el cristianismo, en el Islam, en todas
las religiones. Y también en el hablar sincero. La única religión
que vale es el amor”. Esta frase pertenece a Muhammad Alí, el
boxeador más importante de todos los tiempos.
Por:
Eduardo Sanguinetti (Argentina)
Un
referente ineludible, dadas sus condiciones para el deporte, su
talento, inteligencia y sobre todo el humor con el que se
manifestaba, diciendo las verdades más atroces con la más amplia
sonrisa.
En
fin, un militante de la paz, la autodeterminación del individuo,
logrando un sitial de honor entre las figuras de la historia, como
musulmán y referente del Islam en Estados Unidos, anteponiendo la
libertad de elegir, sin presiones de ningún tipo y llegar a ser un
individuo libre.
Fuera
del ring, Muhammad Alí se convirtió en un símbolo de la paz para
la reivindicación de los derechos de la comunidad negra,
discriminada y perseguida en Estados Unidos, como así también se
convirtió en una figura social de enorme influencia en la política
y en las luchas sociales o humanitarias a favor de los
afrodescendientes, sin olvidar su rechazo a la guerra de Vietnam,
oponiéndose a su reclutamiento de manera absoluta, lo que le valió
la pérdida del título de campeón mundial, además del rechazo e
indiferencia de sus seguidores.
Una
frase de este campeón de la vida, respecto al tema Vietnam, lo
muestra de cuerpo entero: “¿Por qué me piden ponerme un uniforme
e ir a 10.000 millas de casa y arrojar bombas y tirar balas a gente
de piel oscura mientras los negros de Louisville son tratados como
perros y se les niegan los derechos humanos más simples? No voy a ir
a 10.000 millas de aquí y dar la cara para ayudar a asesinar y
quemar a otra pobre nación simplemente para continuar la dominación
de los esclavistas blancos”.
En
la década del 60 Muhammad Alí gozaba de una popularidad mundial,
sobre todo en naciones donde la comunidad musulmana era mayoría;
había logrado dicha notoriedad por su acercamiento al Islam, que
comenzó en 1959 y su conversión en 1961. Muhammad Alí fue la
resistencia contra la atroz discriminación de la comunidad de raza
negra en Estados Unidos, anteponiendo argumentos al prepotente
discurso de la ultraderecha conservadora y cristiana, que anteponía
la supremacía del hombre blanco a todas las creencias que no fueran
las de ellos.
Cuando
retorna al boxeo tras la suspensión, con lo sembrado en infinidad de
entrevistas y discursos, el afroamericano ya era visto como una
figura respetada en el mundo del deporte y de la comunidad
estadounidense.
No
está de más agregar que en los atentados del 11-S, Muhammad Alí
enfatizó que el Islam es una religión de paz y jamás dio fe al
relato oficial.
El
ejemplo de la vida de Muhammad Alí, un referente para millones de
personas en este mundo, sin importar su color de piel y la religión
que profesan o no, lo traigo, a días de cumplirse el aniversario de
su nacimiento, como símbolo de apertura y unión entre los que
deploramos la violencia y la demonización a la diferencia, de quien
sea y por lo que sea. Y en parábola les dejo una última frase de
este hombre: “Soy musulmán, soy boxeador, un hombre que busca la
verdad. No estaría representando al Islam si fuese un terrorista.
Todo el mundo debe conocer la verdad: Islam es paz”.

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