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2 ene 2016

La despedida de quien no se va


“Cuando tanto corazón despide a un mandatario, ése es el lugar que ocupará en el futuro. Unos la seguirán odiando y otros, amándola, pero Ella será inevitable”

* Periodista argentino, Licenciado en Letras. 
blog: http://www.apuntesdiscontinuos.blogspot.com.ar/

Uno está acostumbrado a despedir a un familiar, un amigo o un compañero de trabajo. ¿Cómo se despide a una Presidenta a la que nunca ha visto a menos de cuarenta metros o a través de una pantalla? ¿Cómo despedirla sin estrechar su mano, brindarle un beso y quizá también un abrazo? ¿Qué vacío puede quedar si uno nunca ha acariciado su pelo o palmeado su espalda? Uno nunca extrañará un perfume que jamás ha olido. Sin embargo, millones la despiden, la lloran y seguro la nostalgiarán. Unos irán a la Plaza y otros se juntarán con amigos a vivir el momento desde la tele, pues ahora las pantallas brindan una extraña forma de proximidad. Y más con Ella, que rompe cualquier distancia. Cristina se va, pero de alguna forma se queda. Unos la seguirán odiando y otros, amándola, pero Ella será inevitable. Tanto como Evita, que tiene el mérito de haber saltado a la Historia desde un lugar muy pequeño y obrar en la vida real por poco tiempo para eternizarse en el mito. Cristina, en cambio, no se va para siempre. Ni siquiera se va: apenas deja de hacer lo que hacía, al menos por un tiempo. Aún es mucho presente para que empiece a ser pasado.
Para convertirse en leyenda, el paso del tiempo debe limar las asperezas. Pero Ella no será leyenda hasta dentro de mucho tiempo, cuando los recuerdos batallen con la historia oficial, ésa que se escribió desde los medios hegemónicos. ¡Pobres los que dentro de unas décadas investiguen estos tiempos desde esas fantasiosas tapas que lograron envolver a muchos en un clima de catástrofe inexistente! Más que para la historia, esas portadas podrían servir a psiquiatras o estudiosos de la manipulación mediática, si es que no se han usado para envolver huevos. Pero en la memoria del pueblo habitará otra historia, ésa que es verdadera porque se construyó con la pasión. Cuando tanto corazón despide a un mandatario, ése es el lugar que ocupará en el futuro. Ni las más extremas proscripciones podrán borrar su nombre; ni las más exaltadas demonizaciones despertarán rechazo o temor; ni los más sesudos tratados podrán torcer ese amor por líderes de este tamaño. Ni siquiera la humillación de una medida cautelar que la aleja de la presidencia doce horas antes de lo que estaba previsto. En nuestro país ya hay tres personajes imborrables: Perón, Evita y Kirchner. Cristina completará el cuarteto, pero todavía está en construcción.
Las sombras y la luz
Por frases como “la Patria es el Otro” será por siempre ‘Presidenta’. Casi un legado que personifica el símbolo y traza un plan de acción. Una brújula para no errar en el camino. Una antorcha para espantar las sombras que pueden amenazarnos. Sin el Otro, no podremos construir ninguna Patria. Sin el Otro, se interpone un témpano para separarnos. Como ahora, que incrustaron un paréntesis en nuestra historia. Por eso seguirá siendo Presidenta, aunque deje de serlo.
Otros se referirán a Ella con epítetos procaces y despectivos. Con Evita pasa lo mismo y esos adjetivos sólo carcomen al portador. Palabras que evidencian que la famosa grieta es insalvable. Nadie duda que podrán maquillarla por un tiempo, disimularla con cartón pintado o apuntar la cámara a otro lado para vender la ilusión de un país unido. De esa manera lograron instalar a muchos monigotes en La Rosada. En estos días, la historia parece repetirse y, por lo que parece, esta vez nos toca comedia, que siempre es más breve que la tragedia. La grieta es la diferencia entre los beneficiarios de toda acción de gobierno. Los monigotes del lado oscuro buscan multiplicar privilegios; los líderes del lado luminoso, conquistar derechos. Y siempre quedan algunos con un pie en cada borde y oscilan como pelota en un bote. Esta vez, la ola los volcó para aquel lado pero pronto van a rebotar para éste. Ya veremos cómo hacer para que no se bamboleen más.
No es un día para opacar este momento con el próximo presidente. Si su objetivo es unir a los argentinos, comenzó muy mal: sus caprichos y su voluntad destituyente ya lo han alejado de una mitad del país. No es oportuno pensar en el vacío, el silencio, el bullicio, las sombras y la incertidumbre que nos amenazan. Ni en las toneladas de neblina que intentarán enturbiar la mirada de los argentinos. Donde no hay pasión, pronto habrá olvido. Estos tiempos son más adecuados para un nuevo compromiso. Desde 2003 comenzamos a recuperar autoestima, que llegó más alto de lo que nunca imaginamos. Claro que esta idea recibirá burlas por parte de los negadores que sólo ocupan tiempo en chequear cuentas bancarias. Y de los manipulables laderos, que nunca faltan. Pero el Himno se canta distinto y el celeste y el blanco han dejado de ser sólo los colores de una camiseta de fútbol. El compromiso es preservar esto a pesar de la frivolidad que tratará de salpicar todos los símbolos.
Una vez más, nuestra historia está en peligro. El camino glorioso que iniciaron los patriotas parece tomar un rumbo diferente. Los traidores están por usurpar La Rosada, pero de manera legal, al menos en apariencia. Para eso tuvieron que apelar a mentiras, escarnios y confabulaciones gracias a su intocable poder concentrado, capaz de comprar voluntades y forzar decisiones. Pronto tendrán la ocasión de demostrar si sus recetas importadas y entreguistas pueden conseguir la felicidad del pueblo. O al menos, lograr un simulacro aceptable.
Nada les será tan fácil. El punto en el que estamos no admite sacrificios patrióticos ni perforaciones nuevas en el cinturón. La pesada herencia son derechos que ellos tienen ganas de cercenar, pero nosotros, el desafío de proteger. Entre otras cosas, Cristina demostró que muchos sueños se pueden convertir en realidad. Por eso no se va y menos ahora, que estamos cercados por las pesadillas. Ahora que vienen las sombras, la luz de estos doce años brillará mucho más a medida que pase el tiempo. Después, cuando seamos más los que comprendamos, ya no habrá más tinieblas que nos puedan asustar.

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